El Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF) ha publicado la versión 2.0 de su Guía sobre el uso de la inteligencia artificial en el ámbito educativo.
La actualización, fechada en septiembre de 2026, responde a un escenario muy distinto al de la primera edición de 2024. La inteligencia artificial ya no es una novedad ocasional: forma parte de herramientas que utiliza el alumnado, aparece en tareas docentes y obliga a los centros a tomar decisiones sobre su uso.
No es simplemente si se utiliza inteligencia artificial, sino cómo, para qué y en qué condiciones se integra en la educación.
¿Qué es exactamente esta guía?
Es un documento institucional de 117 páginas dirigido a la comunidad educativa. Su objetivo es ofrecer un marco para comprender las oportunidades y las limitaciones de la IA y orientar una incorporación crítica, segura y con finalidad pedagógica.
El texto adopta como referencia el Reglamento europeo de Inteligencia Artificial y conecta su propuesta con la competencia digital, la LOMLOE y los marcos europeos más recientes. Pero su interés principal no está en acumular normativa, sino en traducir los grandes principios a preguntas educativas reconocibles.
Qué incorpora la versión 2.0
La actualización amplía el foco. Ya no se limita a enumerar posibles aplicaciones de la IA, sino que presta atención a las condiciones necesarias para que su uso tenga sentido educativo.
Comprender la IA
El alumnado necesita saber qué puede hacer, cómo utiliza los datos, qué límites tiene y por qué sus respuestas deben revisarse.
El papel del profesorado
La intervención docente sigue siendo esencial para contextualizar el uso, valorar los resultados y proteger el aprendizaje.
Decisiones de centro
La incorporación de la IA no debería depender únicamente de iniciativas individuales: requiere planificación y criterios compartidos.
Además, la guía dedica espacio específico a la privacidad, la equidad, la transparencia, la integridad académica, el impacto ambiental y el bienestar digital del alumnado en sus dimensiones cognitiva, emocional e interpersonal.
Una estructura pensada para tres perfiles
El contenido se organiza en torno a alumnado, profesorado y centro educativo. Para cada perfil analiza posibilidades, desafíos y medidas preventivas.
Aprender para, con y sobre la IA
Interactuar de manera crítica, utilizarla para aprender sin sustituir el esfuerzo y comprender sus fundamentos e implicaciones.
Enseñar para, con y sobre la IA
Diseñar usos con intención pedagógica, acompañar al alumnado y revisar la fiabilidad y pertinencia de los resultados.
Planificar y evaluar su integración
Definir criterios comunes, analizar escenarios de uso e incorporar la reflexión al Plan Digital de Centro.
Esta división evita uno de los errores más habituales: reducir la IA educativa a una lista de aplicaciones para preparar materiales. La cuestión afecta también a qué aprende el alumnado y a cómo se organiza el centro.
Lo más útil para llevar a la práctica
Los anexos convierten la guía en algo más que un documento teórico. Incluyen materiales que pueden adaptarse directamente al trabajo del profesorado y de los equipos directivos.
Tres recursos especialmente aprovechables
- Situaciones de aprendizaje para distintas etapas educativas.
- Modelo de declaración de uso de IA para hacer visible cómo se ha empleado en una tarea.
- Cuestionario de reflexión para el alumnado sobre su relación con estas herramientas.
El modelo de declaración resulta especialmente interesante para la evaluación. En lugar de intentar adivinar si se ha usado IA, permite pedir al alumnado que explique qué herramienta ha utilizado, con qué propósito y qué decisiones ha tomado sobre el resultado.
Pasar de perseguir el uso oculto a enseñar a documentar un uso transparente y evaluable.
Qué puede hacer un centro con esta guía
La guía puede servir como documento de partida para abrir una conversación de centro sin comenzar desde posiciones extremas. No obliga a aceptar cualquier uso de la IA, pero tampoco plantea que la única respuesta posible sea prohibirla.
- Revisar en qué tareas ya se utiliza IA, aunque no exista una decisión común.
- Acordar criterios sobre privacidad, edad de acceso y protección de datos.
- Distinguir los usos que apoyan el aprendizaje de aquellos que sustituyen procesos cognitivos esenciales.
- Decidir cómo debe declarar el alumnado el uso de estas herramientas.
- Incorporar objetivos realistas de alfabetización en IA al Plan Digital de Centro.
- Prever formación para que el profesorado pueda aplicar los acuerdos con criterio.
El valor del documento no está en copiar todas sus propuestas. Está en utilizarlo como referencia para que cada centro tome decisiones proporcionadas y adaptadas a su alumnado.
Qué no debemos confundir
Esta publicación es una guía de orientación, no una norma que imponga por sí sola un protocolo concreto a todos los centros. Debe leerse junto con la normativa vigente, las instrucciones de la administración educativa, las políticas de protección de datos y las condiciones de uso de cada herramienta.
Tampoco convierte cualquier actividad con IA en innovación educativa. El propio documento insiste en que estas herramientas no mejoran por sí mismas el aprendizaje: su valor depende del acompañamiento docente, de un propósito formativo claro y de que no sustituyan el razonamiento, la revisión ni la toma de decisiones.
La aportación principal
Pasar de las ocurrencias individuales a los criterios compartidos
La nueva guía del INTEF ofrece un lenguaje común para hablar de IA en educación: qué necesita aprender el alumnado, qué papel mantiene el profesorado y qué decisiones corresponden al centro.
No resuelve automáticamente todos los dilemas, pero sí proporciona una base institucional y recursos concretos para empezar a abordarlos con algo más que intuiciones.